Mantener la extracción a punto en agosto sin perder un servicio

Mantener la extracción a punto en agosto sin perder un servicio

Una cocina que no cierra a las doce del mediodía obliga a moverse con precisión quirúrgica. El trabajo arranca la tarde anterior, cuando el local baja persiana y los fogones se apagan. Entonces empezamos el desmontaje de filtros de lamas, bandejas y canales de goteo bajo la campana industrial. Si hay conductos con codos o registros difíciles, se limpian esa misma noche para evitar humos en el servicio siguiente.

El objetivo es llegar al amanecer con todo seco. Antes de las cinco o seis, en temporada alta de agosto, ya estamos montando el rodete y el caracol de la turbina. La prueba final siempre es el caudal de extracción: si el aire de aportación del plenum no compensa, se ajusta antes de que entren los primeros clientes en Port Bo o Les Voltes.

Esta secuencia cumple la norma UNE 100165. Al terminar, entregamos ficha fechada e informe fotográfico para tu plan de APPCC. Los residuos grasos salen en bidón cerrado hacia gestor autorizado, sin dejar rastro ni olor en cocinas de Llafranc o Tamariu.

La ventana real entre el último café y la llegada del género

En locales del Canadell o el Paseo del Mar, la ventana útil se abre de cinco a nueve. La calle está despejada y las terrazas siguen plegadas, lo que facilita maniobrar sin molestar a los vecinos ni bloquear accesos peatonales. Ese margen horario no es negociable a última hora: depende directamente de cuándo entra el proveedor de pescado. Si el camión llega antes de lo previsto, el equipo debe estar fuera, dejando la cocina operativa para el servicio.

Por eso, la hora de salida se fija con el jefe de cocina durante la visita previa, nunca la víspera. En agosto, cuando la actividad desborda cualquier previsión, empezar a las cinco o seis asegura terminar antes del bullicio. Planificar juntos evita sorpresas y respeta la rutina del local. Puedes consultar cómo ajustamos estos horarios según cada zona en nuestra sección de ámbitos de actuación.

Lo que la cocina prepara la tarde anterior para ganar una hora

El equipo llega a la cocina y encuentra las lamas escurridas, vacías de grasa. Las bandejas y el canal de goteo están limpios y apartados. El frente de cocción está despejado, sin cajas ni utensilios estorbando, y el paso desde la puerta hasta la campana está libre. Esto no es cortesía, es logística. Si dejamos material en medio, perdemos minutos preciosos moviendo cosas antes de empezar a desmontar los filtros o limpiar los conductos.

Conviene acordar antes dónde se deja el equipamiento mientras trabajamos. Así evitamos tropiezos y ganamos una hora completa en la intervención. En locales de Calella de Palafrugell o Llafranc, donde el espacio es limitado, tener el camino expedito permite que la limpieza avance fluida, sin interrupciones para mover mobiliario. La UNE 100165 recomienda registros accesibles; si el acceso está bloqueado, el trabajo se alarga innecesariamente.

Cubrir el frente de cocción antes de tocar la primera pieza

Antes de soltar el primer tornillo, hay que tapar. En una cocina de arrocería en Tamariu o en un chiringuito de Port Bo, los fuegos, la plancha y la freidora se cubren con plástico y paños limpios. Los mandos también quedan protegidos. ¿Por qué tanto lío antes de empezar? Porque cuando se desmonta el conducto, corre agua y espuma por todas partes. Si no has aislado bien las superficies de trabajo, acabas generando una limpieza extra que nadie quiere pagar.

Ese paso inicial es lo único que permite devolver el local tal cual estaba, sin dejar rastros de grasa diluida entre los azulejos. Pero ojo, proteger no basta; hay que ordenar. Cada pieza que sale del conjunto se numera con cinta o rotulador resistente al calor. No vale con “recuerda dónde iba”. Al final de la jornada, cuando la turbina vuelve a su sitio, cada filtro de lamas y cada codo debe encajar exactamente donde tocó por última vez. Así evitas vibraciones nuevas y fugas de aire que te jueguen malas pasadas en plena temporada alta.

Qué cabe en una madrugada de Calella y qué pide una jornada de cierre

En una cocina de Port Bo o Les Voltes, donde el espacio aprieta y la terraza se monta a primera hora, hay un tipo de trabajo que se resuelve en cuatro horas de madrugada. La campana, los filtros de lamas, las bandejas y los primeros metros del trazado son piezas que permiten cerrar el turno antes del servicio. Se entra cuando aún no han subido los primeros comensales, se desengrasa lo accesible y se deja todo listo para abrir. Es una solución rápida para locales pequeños que no pueden parar sus fogones durante toda la mañana.

Otra cosa muy distinta es un recorrido largo con varios codos, sumado al plenum de aportación y el ventilador de cubierta. Eso pide la jornada completa de un día de descanso. Si intentas meter ese volumen en una franja corta, te quedas a medias. Distinguir qué cabe en esas primeras horas de luz y qué necesita más tiempo evita empezar algo que no podrás terminar antes de que entre el cliente. En lugares como Llafranc o Tamariu, saber esto desde la visita previa marca la diferencia entre un cierre tranquilo y un lío innecesario.

Aparcar y descargar en el núcleo antiguo dentro del horario permitido

Antes de cerrar el día, revisamos los horarios de carga y descarga del ayuntamiento. En verano cambian mucho, sobre todo en calles estrechas como la plaça Nova o el carrer de Cavallers, donde un corte mal calculado bloquea el paso a vecinos y otros repartidores. Si el acceso es complicado en las calas de Calella o Llafranc, ajustamos la logística al detalle: la furgoneta corta se queda en el punto autorizado más cercano y el resto del equipo entra con carro hasta la cocina.

Trabajar dentro de esa franja horaria permite mantener la calle libre mientras desengrasamos campanas y conductos. No ocupamos aceras ni interrumpimos el servicio si podemos evitarlo, respetando los tiempos que marca el municipio para no generar molestias. Así llegamos puntuales a hoteles pequeños o arrocerías del Baix Empordà sin colapsar el tráfico local, dejando el entorno tan limpio como lo encontráramos antes de empezar a limpiar filtros y bandejas de goteo.

Devolver la cocina operativa para el servicio del mediodía

Con la campana seca y los filtros nuevos, toca montar todo en su sitio. Las piezas llevan números para que no haya dudas al volver a colocarlas: lamas, bandejas, canales de goteo y el rodete de la turbina vuelven a su eje exacto. Una vez ensamblado, encendemos los fuegos a potencia máxima. Ahí se ve si la captación funciona de verdad o si algo queda torcido. Si hay aire que se escapa por los codos del conducto o no entra bien por el plenum de aportación, se ajusta antes de irse.

Mientras tanto, se limpian las superficies alrededor de los registros y se retira cualquier resto graso del suelo. Esa grasa extraída, junto con los filtros viejos, se guarda en un bidón cerrado. No se deja tirada ni se mezcla con basura normal; va directa al gestor autorizado, y te damos el albarán correspondiente. Así cumplimos con lo que exige la norma UNE 100165 y evitamos problemas mayores.

El local abre a su hora habitual sin retrasos. El informe completo llega después por correo: fotos del interior de cada tramo antes y después, certificado de limpieza y la ficha fechada para tu carpeta de APPCC. Es documentación clara, sin letra pequeña, pensada para cuando venga una inspección sorpresa.

Sin compromiso

¿Te echamos una mano?

Valoramos cada caso en Palafrugell antes de dar un precio, para que sepas desde el principio a qué atenerte.

690 22 09 44Respuesta rápida · Sin compromiso
Scroll to Top